
Censura, manipulación, revisión exhaustiva de los textos,
distorsión de la verdad, propagandas a favor del régimen y la
exageración de temas que la dictadura quería resaltar, son algunas de
las características que marcaron el periodismo dominicano en la llamada
“Era de Trujillo”, de 1930-1961.
Tras Rafael Leónidas Trujillo Molina asumir el poder, dejó de existir
la poca libertad de expresión que con libradas batallas y sangre,
había conquistado el país. Los articulistas eran adeptos al régimen y
cualquier noticia negativa no trascendía. Solo por debajo se podía hacer
ciertos comentarios entre personas de extrema confianza.
Esta es la visión del laureado periodista y escritor, Rafael Molina
Morillo, quien al narrar sus vivencias de esa época, aclara que su
apellido nada tiene que ver con el tirano, “ni para bien ni para mal”.
De acuerdo al ahora director del diario gratuito “El Día”, las
informaciones de la era trujillista eran unilaterales. La prensa
extranjera no estaba en el país ni los medios eran tan eficientes como
los actuales. Todo lo que producía el régimen era lo que consumía el
pueblo, por eso era una dictadura, porque solo se escuchaba la voz de
(El Jefe), y todo estaba dirigido por él.
Los dueños de los medios tenían que someterse a lo establecido o simplemente “desaparecían”.
Cierre del Listín Diario y auge de La Nación. Para
la época, los periódicos de mayor relevancia en el país eran “La
Opinión” y el “Listín Diario” y a nivel provincial “La Información” en
Santiago, de los cuales dejarían de publicarse en 1942 el “Listín
Diario” y en 1947, “La Opinión”.
Durante esta dictadura, el periodismo dominicano y los otros aspectos
de la vida nacional estuvieron sometidos al férreo régimen de tres
décadas en las que el sátrapa utilizó los mecanismos a su alcance para
mantener y afianzar el poder.
Listín Diario fue clausurado en 1942, haciendo su reaparición en 1963 dos años después de terminada la dictadura.
Este medio se había definido como defensor de los intereses políticos
del presidente Horacio Vásquez, quien gobernó de 1924 a 1930, y luego
de instaurado el gobierno de Trujillo, su situación comenzó a cambiar
por el acoso y el miedo a la dictadura.
“La Nación”, dirigido por Rafael Vidal, era la publicación oficial
del gobierno. Los domingos publicaba la “Página Literaria”, donde
escribieron Osvaldo Bazil, Juan Goico Alix, Ángela Báez Soler y otros.
Traía además la “Página Infantil”, dedicada a los niños con cuentos y
fábulas, recuadros con mini biografías de hombres célebres, entre ellos
reconocidos escritores como Luis de Góngora, así como poemas de
Federico García Lorca, Pedro Calderón de la Barca y otros.
Publicaron en este periódico firmas como Enrique Henríquez, Carmen
Marrero, Ramón Marrero Aristy y Manuel del Cabral, reseña en una de sus
obras el historiador Alejandro Paulino Ramos.
Procedimientos para las publicaciones. El
instrumento más eficaz de comunicación para la época era el telegrama,
cuyo aparato se utilizaba para enviar mensajes de una central a otra, y
luego un empleado de oficina los hacía llegar de manera personalizada a
su destino. “La inmediatez en cuanto a la publicación de las
informaciones no existía”, cuenta Molina Morillo.
Lo más rápido que podía salir a la luz pública una nota era en un
plazo no menor de uno o dos días, porque los medios no manejaban
tecnologías como internet, teléfonos móviles, correos electrónicos,
mucho menos computadoras, además de otras limitaciones de la época.
Lo mismo ocurría cuando se necesitaba enviar una información del
extranjero al país o viceversa. Se tenía que recurrir al telegrama, cuyo
mensaje llegaba por telégrafo y tardaba un día, era la vía más rápida.
Aunque no así el caso de los periódicos impresos, ya que los
ejemplares que llegaban por avión tardaban de dos, tres y hasta cuatro
días más tarde, explica el autor de “Mis Recuerdos Imborrables”.
En un viaje que Trujillo realizó a Madrid, España, en junio de 1954,
tuvo que esperar durante dos o tres días que llegara el avión con los
periódicos para que él y su séquito pudieran conocer qué decía la prensa
dominicana de su estadía en el extranjero.
Aún el “Todopoderoso” Trujillo, no veía su periódico sino dos o tres días después de ser impreso.
Manejo de temas sociales, económicos y políticos.
“Había un lavado de cerebro colectivo, menos en aquellas personas más
cultivadas y con más sentido patriótico, que sabían realmente lo que
estaba pasando el país”, explica Molina Morillo, quien al nacer el 31 de
marzo de 1930, en La Vega, creció y se desarrolló en el trujillismo.
Dice que cuando apenas era un adolescente no tenía un criterio
liberal, ya que creía todo lo que decían y pensaba que en su país se
hacía lo correcto, por lo que su mentalidad comienza a cambiar cuando
entra a la universidad e intercambia ideas con sus compañeros.
El diplomático señala que la mediatización colectiva llegaba hasta lo
ridículo y cita como ejemplo que cuando el país era afectado por una
epidemia x, por más escandalosos que fueran los casos, se tenía que
publicar que todo estaba bien, perfecto, como se decía ser Trujillo.
Aunque la gente se estuviera muriendo de enfermedades, como sucede en
otros países del mundo, había que decir que todo estaba bajo control.
Las estadísticas también eran manejadas al antojo del imperio
trujillista.
Se decía en la prensa que la economía era la mejor del mundo y que la
gente no moría de enfermedades. Santo Domingo de Guzmán era la ciudad
más limpia del mundo. Y la tiranía elogiaba sus infraestructuras. Como
el pueblo no conocía otras ciudades, entendía que todo era verdad.
También por la limitación que había en las comunicaciones y el
transporte.
La gente repetía lo que escuchaba y se sentía orgullosa de su país.
Ya sea porque formaban parte de la estructura o por ingenuidad, o
simplemente, porque lo creían de buena fe.
Reportero en la tiranía. El protocolo a seguir para cubrir una actividad noticiosa de Trujillo no era nada sencillo.
Cuando Molina Morillo se desarrollaba como periodista tenía un
terrible temor a equivocarse, porque las equivocaciones con Trujillo no
eran buenas, ya que él las podía recibir de mal humor o de buen humor,
dependiendo de su estado de ánimo, relata tal como si lo estuviera
viviendo el fundador de la Revista ¡Ahora! y el vespertino El Nacional.
Uno de esos días, narra que en unas caravanas que siempre iban
veloces, compuestas hasta de diez vehículos, tenía que ingeniárselas
para estar a donde iban. A veces salían tan rápido, que a él no le daba
tiempo de preparase.
Ya estando prácticamente quedado, cuenta que sintió cuando uno de los
automóviles de Trujillo se detuvo y escuchó una voz que le decía
¡Venga, suba, suba...! Subió al auto al lado del chofer y cuando mira
hacia atrás ahí estaban Anselmo Paulino, la persona encargada de
verificar las crónicas que él redactaba y Joaquín Balaguer, entonces
secretario de Relaciones Exteriores.
Ellos lo conocían y sabían de su oficio, por lo que iban conversando
con mucha confianza, criticando de vez en cuando las actitudes de Rafael
Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis Trujillo), quien también iba en el
viaje, y del propio Trujillo, pero con mucha cautela, usando nombres
falsos y palabras claves para que el chofer y él no supieran de qué
conversaban, pero aún así entendía.
Piensa que a lo mejor lo hacían porque Trujillo iba a creer más fácil
cualquier versión de su equipo que del “carajo” que iba sentado frente a
ellos. “El Tirano tenía una maquinaria de inteligencia muy fuerte”.
Reporte periodístico de un viaje casual. Otra
experiencia importante, la vivió Molina Morillo a sus 24 años, cuando
había finalizado los estudios en la Escuela Oficial de Periodismo de
Madrid, al cubrir de manera casual el viaje de Trujillo a España.
Recuerda que recibió un telegrama del jefe de Redacción de El
Caribe, Germán Emilio Ornes Coiscou, medio en el que Molina Morillo
trabajaba desde 1948, informándole que “El Jefe” viajaría a esa nación y
que nadie mejor que él para reportar paso por paso los detalles del
encuentro entre el dictador español, Francisco Franco y el sátrapa
dominicano.
En junio de 1954, cubrir un viaje de Trujillo a España, uno de los
hombres más poderosos y fuerte de la época, no era tarea fácil para un
estudiante que salió de viaje por una beca otorgada por el Instituto de
Cultura Hispánica de Madrid, es decir, que estaba allí por propia
voluntad.
“Todo, absolutamente todo lo que yo escribiera sobre el viaje del
déspota, tenía que ser mostrado al hombre de confianza de Trujillo y
aprobado por él, antes de mandarlo a Santo Domingo para sus
publicaciones”, cuenta.
Al mostrarle a Anselmo Paulino lo escrito sobre la llegada de
Trujillo a Madrid, España, preguntó que de dónde había sacado la cifra
de 50 mil personas en el recibimiento a Trujillo a lo largo de la Gran
Vía, no pudo contener el miedo por temor a equivocarse, porque era el
único periodista dominicano con acceso a las intimidades del séquito que
el tirano llevó a su visita oficial en esa nación. “A éste solo le
interesaba quedar bien ante los ojos de `El Jefe´”, apunta el
expresidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) del
2005-2006.
El 4 de junio de 1954, El Caribe publicó una crónica firmada por él
que decía textualmente “Seiscientos mil madrileños dan la bienvenida a
Trujillo”, una suma totalmente distorsionada a la que él había
reportado.
Salario de los periodistas. Los reporteros, como también eran llamados entonces, tenían un sueldo entre los 80, 90 y 100 pesos mensuales.
Molina Morillo inició su carrera periodística devengando un salario
de 125 pesos, lo que podía considerar un sueldo de lujo, gracias a que
su primer empleo fue en el periódico El Caribe y sus directores tenían
una filosofía diferente, por lo que contrataron muchachos jóvenes, sin
experiencia, “porque los experimentados ya tenían muchas mañas de pedir
dinero”, señala el exdirector del Listín Diario.
Con los 125 pesos se consideraba más que privilegiado, ya que al
tener una beca en Madrid, España, siendo un joven soltero sin
responsabilidad de familia, le era más que suficiente.
Después de la muerte del tirano. Todavía después de
la muerte de Trujillo, el 30 de mayo de 1961, en el país quedaron
fuertes remanentes de la dictadura y la prensa seguía al servicio de los
intereses de su familia. Se hablaba en la prensa de los criminales que
habían matado al dictador.
El país comienza a sentir la liberación trujillista a mediados de
1961 y comienzos de 1962, con la salida de la revista Ahora, el 15 de
enero de 1962. Volvió el Listín Diario y El Caribe pasó a la dirección
de German Ornes.
¡Ahora! salió como una revista quincenal también con el veterano
periodista Mario Bobea Billini, de subdirector, quien junto a Molina
Morillo, hizo de publicaciones restringidas hechos completamente
detallados, convirtiendo a ¡Ahora! en una de las más influyentes e
importantes revistas dominicanas durante varias décadas.
Reflejos de Trujillo en la prensa. “Hay que luchar
por mantener un clima de libertad, aunque sea excesivo, ya que para mí
la libertad nunca será demasiada, pero para quienes la consideren así,
es más conveniente que la represión”.
Las consideraciones del también abogado Molina Morillo resaltan que
la censura es como si hubiera otra persona que dijera: ¡Usted no puede
ver esa película! ¡No puedes leer tal libro! Porque quien lo dice ya lo
vio o leyó y entiende que no puede ser consumido por los demás.
Recuerda que en enero de 2010, en el país se revivió un episodio de
“la misma época trujillista” cuando grupos se movilizaron en contra de
la presentación de un libro escrito por Angelita Trujillo, hija del
dictador dominicano Rafael Trujillo Molina (1930-1961), en el que alaba
la figura de su padre y llama "traidores" a quienes le dieron muerte.
Molina Morillo cataloga ese episodio de la historia dominicana como
un “error y abuso inexcusable en esta época. Fue un error, una
barbaridad y un abuso, porque actuamos de la misma manera en que lo
haría el tirano”.
El periodista asegura que no es trujillista, pero señala que prohibir
que se toquen los merengues de la época y que se formen partidos
trujillistas, representa un atraso para el país, porque entiende que no
son los lineamientos que forman parte de la libre expresión.
¿Censura? Aunque se ha debatido mucho en el país y
se han publicado vastas biografías de Trujillo, el periodista de estos
tiempos debe estar atento a cualquier asomo de limitación de la libertad
de prensa, teniendo como visión lo mismo que pasó con el régimen y lo
negativo que es cuando no se pueden decir las cosas como son.
Molina Morillo sostiene que es preferible incurrir en errores por
exceso de libertad de expresión que ser limitado y no dar toda la
información que se tiene y es importante para la ciudadanía.
“Hay que evitar que se suprima la libertad de expresión, porque
podría ser el primer paso para volver a la dictadura de Trujillo”,
recalca.
Falta un camino largo por recorrer. El reconocido
periodista dijo que en la actualidad se cometen excesos y esos puntos se
debaten, aunque prefiere que haya excesos a condicionamientos previos.