En 2003, el Congreso no declaró la guerra a Irak, pero autorizó a
Bush a que emprendiera una acción militar. La guerra duró ocho años
 |
Francis Caamaño lideró resistencia contra la invasión. |
Washington, 2 sep (EFE).- El permiso que el presidente
estadounidense, Barack Obama, quiere del Congreso para una acción
militar en Siria es poco común en un país como EEUU, que ha
protagonizado cientos de intervenciones armadas en más de dos siglos, de
ellas numerosas en América Latina, pero solo once veces cumplió con el
trámite de una declaración de guerra.
La campaña que le rindió la mayor expansión de su territorio -la
guerra contra México entre 1846 y 1848- sí tuvo su "declaración de
guerra" formal, según refleja un informe del Servicio de Investigación
del Congreso de EEUU, que enumera cientos de acciones bélicas en el
exterior entre 1798 y 2010.
También hubo declaración de guerra en
el conflicto contra España en 1898, tras la insurrección de la isla
contra el poder español y el hundimiento del USS Maine en el puerto de
La Habana.
Pero EEUU había llevado a cabo acciones militares
contra España al menos una decena de veces cuando los actuales
territorios de Florida eran colonia española, y había acumulado una
larga serie de operaciones contra México antes de ganarle en el campo de
batalla los territorios que son hoy los estados de Texas, Nuevo México,
Colorado, Arizona, Utah, Nevada y California.
El texto de la
Constitución estadounidense, en su artículo 1, sección 8, estipula que
"el Congreso tendrá la atribución de declarar la guerra", pero no
proporciona un formato específico acerca de la legislación requerida.
En
los 212 años comprendidos en la lista del Congreso figuran al menos 88
intervenciones armadas estadounidenses en países de América Latina y el
Caribe, casi todas justificadas por la necesidad de "proteger los
intereses y vidas" estadounidenses.
Algunas campañas no fueron
más que una sola acción: entre 1814 y 1825, escuadrones navales
estadounidenses combatieron repetidas veces en tierra y en mar a los
piratas que operaban desde Cuba, Puerto rico, Santo Domingo y Yucatán
(México).
Pero el orgullo nacional también ha servido de excusa:
en 1824 el comodoro David Porter y un destacamento de marinos atacaron
la localidad de Fajardo, en Puerto Rico, que según la versión oficial
"había dado refugio a los piratas e insultado a los oficiales navales
estadounidenses".
Porter desembarcó con 200 hombres y obtuvo a la
fuerza una petición de disculpas de Fajardo. Pero no le fue bien, ya
que fue sometido a una corte marcial por haberse excedido en sus
atribuciones.
En la nutrida lista de intervenciones
estadounidenses en tierras de sus vecinos americanos, la primera mención
a la "protección de vidas e intereses" aparece en 1833 cuando una
fuerza "fue enviada a Buenos Aires para proteger los intereses de
Estados Unidos y otros países durante una insurrección".
Las
turbulencias domésticas han servido para desembarcos e incursiones en
México, Panamá, Argentina, Cuba, Guatemala, Honduras, Granada, Perú,
Uruguay, Colombia, Chile, Brasil, la República Dominicana, Venezuela,
Bolivia, Paraguay e intervenciones más prolongadas en Haití y Nicaragua,
según la citada lista.
Sin declaración de guerra, Estados Unidos
ha puesto "asesores militares" y unidades de fuerzas especiales en
conflictos como la guerra civil de El Salvador o el acoso de los
"contras" desde Honduras contra Nicaragua.
Y sin declaración de guerra, EEUU envió 25.000 soldados a Santo Domingo en 1965.
El
himno mismo del instrumento favorito para las intervenciones militares
estadounidenses, el Cuerpo de Infantería de Marina, comienza con
menciones a una guerra declarada y a otra no declarada.
"Desde el
palacio de Montezuma hasta las playas de Trípoli, combatimos en las
batallas de nuestro país por aire, tierra y mar", afirma la primera
estrofa.
El palacio de Montezuma hace referencia a la batalla de
Chapultepec contra México en septiembre de 1847, mientras que las playas
de Trípoli recuerdan la batalla de Derne, en 1805, en la cual un
destacamento de "marines" le dio una paliza a los piratas que operaban
desde las costas del norte de África.
Pero, aunque no haya habido
declaración de guerra, en numerosas ocasiones el Congreso ha avalado de
una u otra forma la decisión del presidente de enviar tropas a combate.
Así,
en 1965 el entonces presidente, Lyndon B. Johnson, con la excusa de un
supuesto ataque norvietnamita en el Golfo de Tonkín, obtuvo una
resolución que autorizó el envío de tropas.
Tres años más tarde había medio millón de soldados estadounidenses en Vietnam.
En
2001, el Congreso autorizó al presidente, George W. Bush, una respuesta
militar a los ataques terroristas en EEUU. Las tropas estadounidenses,
sin que haya habido una declaración de guerra, siguen en Afganistán doce
años después.
En 2003, el Congreso no declaró la guerra a Irak,
pero autorizó a Bush a que emprendiera una acción militar. La guerra
duró ocho años. EFE